Vampiros y otras causalidades…
No, desde luego que no. Estáis equivocados. No la maté por eso.
Siempre me ha asombrado vuestra ágil fantasía. Mentes pequeñas, lo que no conocéis o no existe o es malvado.
Ahora que, desgraciadamente, os miro de más cerca, casi lo puedo palpar con certeza. Sois mezquinos. Egoístas y crueles. Os dejáis llevar por la ira. Achacáis a los demás las culpas, siempre es el otro, o el sistema. O los vampiros.
Habláis sin saber. Y decís, me gritáis, que la maté, que me ensañé con ella porque soy un vampiro. Si pudiera reírme lo haría, pero sólo me sale una mueca irónica y despectiva. No tenéis ni idea. Un vampiro no se ensaña. No sabe odiar. Sólo os toma si os necesita. Suavemente. Os ofrece posibilidades eternas. Os enseña a descifrar olores, sabores, a ver más allá. Espía vuestro sueño con delicadeza y vaga por el mundo, libre, sin ser esclavo del tiempo, como vosotros. Nunca mata. Besa. Se entrega.
Lo sé. He sido así durante muchos siglos.
Por eso estáis equivocados. Porque aunque yo la maté, y disfruté haciéndolo, no fue porque fuera un vampiro. Al contrario. Fue porque ella me condenó a sentir rabia y furia, a no poder vivir en todo tiempo. Porque me enseñó a odiar, a contemplar la vida por cauces estrechos. Porque marcó mi existencia con una fecha de caducidad.
Sólo lo hice porque ella ¡maldita sea! me mordió y me convirtió en algo que nunca quise ser. Humano.
lunes, 12 de mayo de 2008
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