domingo, 25 de mayo de 2008

RELATO 24

EL CUMPLEAÑOS

El día de su cuarenta cumpleaños, Ana se despertó muy temprano. La luz indecisa del amanecer se colaba remolona por las rendijas de la persiana y dibujaba caprichosas formas sobre la pared desnuda de la habitación. Se sentía sudorosa e inquieta. Miró el reloj de la mesilla de noche que estaba junto a su lado de la cama. Marcaba exactamente las seis y media. Apretó con fuerza los ojos e intentó dormir, conteniendo la respiración como cuando era una niña y repetía aquella misma operación una y mil veces. Entonces lo hacía para espantar aquellos seres que vomitaban llamas, y que tenían cabeza de león, vientre de cabra y cola de dragón, habitantes de mares lejanos y distantes, que únicamente desaparecían ante la autoridad de papá que acudía todas las noches, en medio de la oscuridad, cuando Ana lloraba y gritaba implorando su presencia.

Apenas media hora después, Ana se levantó con cuidado, procurando no hacer ruido. Todo estaba en orden. Se dirigió casi de puntillas al baño. Antes de cerrar la puerta, volvió la vista atrás y lo vio allí, como de costumbre, tumbado boca arriba, con la respiración agitada por la mezcla de cansancio y alcohol. Fue entonces cuando decidió enterrar para siempre los fantasmas del pasado. Aquel día, marcado con rojo en el calendario, ya no estaría papá para hacerlos desaparecer.

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