En la cueva el monje pronunciaba con sumo cuidado las sílabas del mantra
ante otro monje.
—¡Menos mal que me lo has dicho Lung Tsi! ¡Tantos años meditando solo en
esta cueva y pronunciando mal el mantra!
Lung Tsi sonrió complacido por haber sacado de su error a aquel viejo lama.
Se despidió cordialmente y fue en busca del barquero para cruzar de nuevo el
lago.
A punto de subir a la barca, alguien le tocó en el hombro.
—Lung Tsi, he olvidado de nuevo la pronunciación del mantra. ¿Me la podrías
repetir?
El barquero, con los ojos muy abiertos miraba al viejo lama, que levitaba
sobre las aguas del lago. Lung Tsi, con un hilo de voz le indicó de nuevo
las palabras correctas, y el viejo monje se alejó, caminando sobre las
aguas, repitiendo su bien pronunciado mantra.
miércoles, 21 de mayo de 2008
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