viernes, 9 de mayo de 2008

RELATO 2

La fiesta

La voz se corrió. Es difícil que la gente permanezca callada, a sus cosas, viendo la vida pasar y chitón ante lo ajeno. Era pedir demasiado. Mientras me metía aquella cosa pensé, por algún pliegue extraño de mi cerebro, que ya me enfrentaría más tarde a sus miradas. Risto lo definió muy bien: “perfecto en su ejecución pero frío en el sentimiento.” ¡A la mierda con los sentimientos! Yo estaba suelta como gabete. El tubo era del color del oro, como me dijo Aurora, y vibraba con un zumbido monótono y estimulante. Iba a su trabajo y yo le dejaba. La habitación estaba en penumbra, y me llegaba el sonido de la fiesta desde abajo, apagado. La cama era blanda y me absorbía. ¡Flaca flaca!, sonaba aquel maravilloso cilindro al penetrarme. Y yo muertita de gusto con la falda levantada. A esto se abrió la puerta y el tonto de Eugenio me vio en plena faena. El chorro de luz del pasillo me dio de lleno y la música me llegó más fuerte, con sus potentes bajos, bum bum bum, y las voces de la gente. Yo estaba apuntito y hasta arriba, así que a la mierda, ¡flaca flaca! El Eugenio se me quedó mirando, y a la vez echaba vistazos al pasillo, a un lado y a otro, desconfiado de que le aguaran la bicoca. Luego cerró la puerta y lo oí escaleras abajo cagando leches. Allá va la voz, pensé. Entonces me corrí, también, ya puesta.

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