EL PIE
Mientras uno leía, el otro se escondía debajo de las sábanas, para evitar la luz.
Era de noche, fuera estaba lloviendo pero apenas llegaban ruidos a la habitación del hotel, de quinta planta, cuatro estrellas y ciudad grande.
El que se escondía bajo las sábanas, buscaba, además del sueño, la postura para estar más cómodo.
En una de estas búsquedas topó con algo, y le preguntó al otro:
-¿Es este tu pie?
-¿Cómo?- Respondió sin dejar el libro y sin mover los ojos de su sitio. Apenas con un susurro dijo, sin interés, "¿cómo?"
-Que si esto que estoy tocando es tu pie…
-Mmm… No – Respondió seco y sin ganas, moviendo la pierna para demostrar que estaba en otro sitio, en su sitio.
-Entonces, ¿esto qué es?
El que estaba leyendo hacía esfuerzos para no perder la trama y seguir al policía de su libro. El otro, inquieto, levantó las sábanas y allí se encontró un pie. Un pie suelto, del número 42 aproximadamente y con las uñas perfectamente cortadas y limpias. Blanco y sano, sin rastro de sangre ni de corte alguno. Parecía que se había desprendido solo y sin dolor del resto de un cuerpo.
-¡Aquí hay un pie! – Gritó, manteniendo la colcha levantada.
-Pues no es el mío – Dijo, aún tranquilo y sin casi voz.
-Mírate bien, anda
-¿Estás loco? Mira, míralo y duérmete ya – Dejó el libro, quejándose. Se separó las sábanas y justo donde terminaba su tobillo, también terminaba él.
miércoles, 21 de mayo de 2008
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