miércoles, 28 de mayo de 2008

RELATO 27

Dragón volador

Batalla lo etéreo contra lo opaco: gruesos cortinones y tapaluces, bandas de luz dibujadas por leves rendijas adelgazadas hasta casi la inexistencia, medallones y estelas de un dorado claro en el suelo. En la rampa mágica brilla algo: movimiento browniano, fibrillas de almas o escamas de dragón volador.

La mañana, un deshielo. Moverse, para qué. Y más un domingo. Ya en la calle se vio reflejado, mirando, ridículo, aquellas maniquíes, tan bien modeladas. Aquel pintor enloquecido que … Un toque suave en el hombro le sobresalta. Es Carlos --conversaciones cotidianas en el bar cercano a la oficina--. Ciclos temáticos sin interés pero es ir corriente abajo, no mover remos, orillas familiares.

Unos cafés. Carlos habla nervioso, eufórico, disperso. Su oyente deja que el pulmón exhale el último aire esperanzador; palabras vanas que darán paso al gran chorro de agua cenagosa que hay que tragar y vomitar. Unas veces, el Instituto Anatómico Forense; otras, se cambia de lugar.

Oír “tengo un problema” le lleva a tocar morosamente uno de los anillos perfectos de la taza. Se imagina muy cerca de un gran recipiente o depósito elevado que no puede ver entero; la blancura de la loza pero en el interior aquel líquido espesado.

Necesitó otro café y acariciar otro borde. Despedida rápida. El lunes oiría la misma historia pero ensartada con las perlas grises y feas de lo corriente.

No remar.

¡Ah, sí, era Kokoschka!

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