viernes, 29 de mayo de 2009

RELATO Nº6

PAN CON PAN…



“Me gusta el porno-gay. Disfruto con las saunas y los cuerpos musculados. Estoy siempre abierto a nuevas sensaciones”.

Este fue el primer anuncio que publiqué en la página de contactos masgays.com.

Siempre presentí que mi futuro estaría abocado a gozar de cuerpos ocasionales y, obviamente, con hombres fuertes y dominantes. He de reconocer que recibí muchas ofertas, con algunas de las cuales pasé buenos ratos. Pero, a pesar de ello, mi vida amorosa iba de fracaso en fracaso.

Un día, cenando en casa de unos amigos, conocí a Chemi, Él era tan frágil como yo; precisamente lo que nunca había buscado ni querido: una humilde violeta. Y, contra todo pronóstico, mi vida cambió…

El próximo sábado celebramos una fiesta en casa para ver el Festival de Eurovisión. ¡Seguro que acertamos todas las votaciones! Si queréis, estáis invitados.

BERTIE WOOSTER

RELATO Nº5

Amor mío


Mi padre tenía un manicomio en el pueblo de Barbate, entre la casa de putas y el desguace de coches de mi tío Anselmo. Estaba pintado de blanco para distinguirlo del puticlub y evitar que durante la noche se mezclasen los clientes, aunque al final nunca pudimos evitar que los locos acabasen refregándose entre los muslos de la “Chen”, ni que algún putero borracho y despistado terminase tirándose a una interna del centro.

Toda mi infancia transcurrió entre locos que comían bombillas para encontrar su luz interior, putas retiradas charlando al sol, sostenes de fantasía secándose junto a calcetines de deporte y revistas de moda que mi tío escondía en un desvencijado Dodge del 77, en cuyo interior descubrí lo placentero que resulta el roce del papel couché… siempre que sepas mantenerte alejado del afilado canto de las páginas.

En ese entorno, aprendí a ser indulgente con las rarezas de los demás. Nunca nadie se extrañó del odio visceral de mi padre a las aceitunas, ni de la colección de descomunales pendientes de mi madre, que acabaron desgarrándole los lóbulos de las orejas y la obligó a colocárselos con pegamento el resto de su vida, ni de que mi tío, cada vez que cerraba una venta, llevase unas bragas rotas en el bolsillo del pantalón.

Por eso nunca he entendido por qué mi familia le da tanta importancia, amor mío, a que seas un maniquí. A fin de cuentas ¿quién ha dicho que sea obligatorio amar a un ser humano?

R. DECKARD

RELATO Nº4

HÍPICA MALSANA



El caballo estaba a punto de reventar. Pero aguantaba. Cinco horas sin parar o tal vez cinco siglos de carrera continuada. Espumarajos por la boca, sangre y sudor a chorros desde el cuello hasta los ijares, y las tiras de cuero de la fusta (con el mango religado a mi muñeca y la empuñadura plateada, a la manera de la que gastan los gauchos) lacias de tanto pegar.
Mi montura no podía más y los perseguidores invisibles, cabalgando a lomos de corceles alados, inasequibles a la fatiga y al instinto de supervivencia, cada vez más cerca.
Un entero, un medio, un cuarto, la mitad de un cuarto, la mitad de la mitad de un cuarto… Se nos echaban encima.
De repente, al cabo de una cuesta, enfrente de mí, la salvación o el suicidio, en forma de imperioso dilema teñido con los colores del crepúsculo: una falla entre las rocas, abierta como las fauces de Satanás, de tres metros de ancho. Abajo, muy abajo, el destello resonante de un torrente.
Un latigazo más, un esfuerzo supremo, un salto en el vacío y…

Así fue como, contra mi voluntad, se forjó en la comarca la leyenda del jinete azul.


SAKI

RELATO Nº3

PUES SÍ

Carmen había tenido un día duro, y ya sólo le quedaba la última. La había llamado e invitado a sentarse sin dejar de escribir.
-Pues sí, señora, todos me contaban pero yo nunca quise hacerle caso a nadie, ¿sabe usted? Esas cosas se arreglan de puertas pa dentro, ¿no le parece? –comenzó Faustina sin que Carmen le preguntara.
-Claro, Faustina, ha hecho usted muy bien en venir a verme…-respondió Carmen sin dejar de apuntar y mirando hacia el papel.
-Pues eso es lo que yo digo, apunte ahí, apunte…
-Bueno, y ¿cómo se siente? –preguntó sin levantar la cabeza.
-Pues mal señora, no hago más que llorar a todas horas, por la mañana, por la tarde por la noche,…pero apunte, apunte.
-Vale, vale. Pero, ¿cómo comenzó todo?
-Mire usted, fue con la Pili, la vecina de arriba, pero yo nada, que si eso no puede ser, que si esto, que si lo otro…total, que ahora estoy segura de que sí.
-Ah, comprendo, y ¿cuándo dice que ocurrió?
-Pa mí que en el 48, porque fue cuando mandaron llamar a filas al marido de la Pili, chispa más o menos, que una ahora no tiene la mente pa recordar fechas.
-¿Cómo dice? –y por primera vez alzó la mirada.
-Porque yo me pregunto –continuó Faustina-, ¿no tendría algún remedio?, sí, señora, alguna cosita como pa no sufrir.

Y Carmen dejó de escribir, comprobó que estaba tachada la casilla “viuda”, la miró a los ojos, agarró sus manos con fuerza y asintió.

RELATO Nº2

Historia sin historia



La conocí en la estación y, desde aquel día, no he olvidado sus palabras. Durante algún tiempo, viajé regularmente en el AVE a Madrid. Tomaba el primer tren y regresaba en el último. A esas horas, Santa Justa había perdido su habitual bullicio. Tal vez por eso reparé en ella: siempre allí, sentada en el mismo sitio del andén, sin equipaje, aire ausente, mirada perdida. Rondaría los cincuenta.
La curiosidad venció mi timidez.
¾Discúlpeme. ¿Puedo ayudarla?
¾Espero el viejo tren, el de la carbonilla...
Era una respuesta insólita y prometedora. No sabía qué pensar, tal vez se trataba de una chiflada, pero decidí continuar.
¾¿ Nostálgica?
¾No, debo coger ese tren. Necesito recuperar mi pasado.
¾El pasado va con usted, es parte de su historia.
¾No hice mi historia, ellos la hicieron por mí. Asistí, como tantos otros, a la burda representación que me ofrecieron.
¾Historia de una espectadora... ¿No vio, o, no quiso ver?
¾No tengo respuesta. Muchos vieron y pagaron cara su lucidez. Tal vez mis gafas fueron las de la cobardía.
¾Es posible, pero la culpa es mala consejera. Levántese, abandone este andén. Debería afrontar su futuro.
¾No me ha entendido. Hablo de mí, de saber quien soy. No viví, me vivieron. No puedo arriesgarme a viajar sin identidad. Ellos siguen ahí, de otra forma más sutil, pero siguen ahí.
¾¿Quiénes son ellos?
¾¿No los conoce? Debería saberlo. Son autores, guionistas, directores, intérpretes y tramoyistas de esa falaz representación que llaman “Historia”. Los demás, simples comparsas, meros espectadores.

RELATO Nº1

HERENCIAS


Dispuso todo para su muerte con la misma naturalidad meticulosa con la que nos habría hecho arroz con leche. Nos facilitó el color del ataúd, las palabras de la esquela, la blusa azul con la que quería ser enterrada y el orden en el que nos colocaríamos para recibir el pésame. No os preocupéis- nos decía siempre- no pienso daros un susto. Yo tendré una muerte ordenada y sin ruido. Lo decía como si verdaderamente pudiese cumplir la promesa. Ante la determinación con la que llevaba a cabo sus manías siempre nos habíamos sentido faltos de voluntad y de objetivos.
Después del entierro hubo que recoger algunas de sus cosas. Empecé por el armario donde guardaba los abrigos. Allí estaban, al menos diez, ordenados por tamaños y colores, como un ejército de soldados desalmados. Entonces comprendí algo: su vida había sido eso, un terco propósito de ordenar el vacío.

Rocío Hernández Triano
Comienza el tercer concurso de microrelatos.